La Hoja Blanca figura en PARTICIPANDA, un nuevo espacio que recopila experiencias de participación infantil y juvenil (Observatorio Andaluz de la Infancia)

July 20, 2017

Me siento profundamente agradecida al Observatorio Andaluz de la Infancia, no sólo por compartir parte de mis últimos 8 años de experiencia profesional, artística, política, ... humana en el barrio Casería de Montijo en el distrito Norte de Granada (más precisamente en la Cooperativa de Enseñanza Colegio Santa Cristina), sino también por recopilar y difundir tantas experiencias bellas, necesarias y transformadoras. 

 

PARTICIPANDA es un espacio web que recopila y difunde experiencia de participación de la infancia y la juventud, en el ámbito de la salud, educación, política, etc.

 

Aquí podéis ver un resumen (muy escueto) de los proyectos "CONVIVE CON TEATRO" y "DIVERSOMETRAJES", proyectos que he diseñado y dinamizado, proyectos que me han dibujado y me han animado...

 

"Tras diez años de experiencia en facilitación teatral, puedo decir que, con las/os niñas/os y jóvenes de Casería, he aprendido mi profesión. He aprendido a facilitar, a simplificar, a complejizar, a escuchar, a adaptarme, a comprender, a jugar, a esperar, a no hacer nada, a caminar juntas, a enfadarme, a poner límites, a cuidar, a cuidarme, a dinamizar, a animar, a currar penas profundas de corazón y alma… Juntas hemos aprendido y hemos enseñado. Sobre todo, juntas hemos disfrutado y crecido."

 

Al volver a leer la ficha que redacte ya hace meses, en la vorágine del curso, me emociono y disfruto recordando momentos, anécdotas y aprendizajes, más aún en este periodo de cierre del proyecto "PARTICIPAR PARA CAMBIAR" desarrollado en el Colegio Santa Cristina y en el barrio hasta el pasado mes de junio. Sobre todo porque, a la hora de hoy, no sabemos aún si habrá financiación para seguir... 

 

En este periodo de cambios y transiciones, me apetece compartir estos lindos recuerdos por aquí, tal vez como "lo mejor" de lo que me llevo del trabajo de participación con niñxs y jóvenes. 


Recordando algunas anécdotas...

Las sábanas
A final de curso, después de un proceso de creación de Teatro-Foro de un curso entero y de una gira de unas 15 actuaciones por todos los barrios de Granada, entrevisto a P., machote de su barrio, trece años, excelente guitarrista flamenco, hermoso y sensible. A la pregunta "¿Y tú, con qué te quedas, qué has aprendido?", me contesta,  muy orgulloso: "Yo ya sé doblar sábanas". Yo: "¿Cómo es que sabes doblar sábanas?". "Porque ya me he aprendido..."  Algunas veces a lo largo de la gira, le había preguntado por qué no ayudaba su compañera a doblar los telones traseros de la obra. Después, lo había sorprendido haciéndolo, más de una vez.

 

Un segundo más tarde, él añade: "Y hacer tortilla francesa: ya le he preguntado a mi madre y sé hacer tortilla francesa." Un día, al volver de una gira, caminando por el Albaicín, hablamos de parejas, novias, novios, etc. Él me decía que la chica tenía que cocinar, que su novia tenía que cocinar, y bien, además. Yo le contaba que a mí, mi compañero me cocinaba y que me encantaba. Y que si no me cocinara no lo quisiera tanto, porque cocinándome, me cuida, y que cuidarse el uno al otro era de lo más importante (...). Me miró extrañado. Seguimos charlando un rato. Un mes más tarde, en la evaluación final, había aprendido a cocinar tortilla...

 

La escucha

Ella siempre llamaba la atención, siendo graciosa o "impertinente". Un día al salir del taller, ya cansada de la dinámica establecida entre las dos, mirándole a los ojos en un momento de intimidad, las dos a solas, le pregunto: "¿Qué te pasa? ¿Por qué siempre haces mil cosas para que te vea? ¿Qué me quieres decir? Me miró sorprendida y contenta a la vez. Añadí: "Si me pides que te escuche, yo te escucho…" Y me empezó a contar…

 

Pidiendo círculos
Alguna vez, nos fuimos de viaje y actuamos en un espacio contaminado por un racismo latente y sutil, aunque fácilmente visible para una socióloga dinamizadora de Teatro del Oprimido, como para la educadora que nos acompañaba. Sin embargo, no hubiese pensado que el grupo de chavales y chavalas, después de tan solo 3 años de TO fuesen capaces de gritar en alto un ¡STOP PARA!, pidiéndome "Stéphanie, ¿podemos hacer un círculo?". Lo que, en nuestro lenguaje, era sentarnos en asamblea para compartir sentimientos y opiniones sobre algo (importante) que  había acontecido. Estábamos de viaje, de gira, era de noche… El momento era más bien para reír, descansar y disfrutar, pero algo importante estaba pasando... Y se dieron cuenta. Cuando nos sentamos en el suelo para dar comienzo al círculo dialogante, empezaron a preguntar (como verdaderxs curingas) lo que nos parecía las personas responsable del proyecto que nos acogía... Preguntándonos luego si no nos parecían bastante racista, si habíamos notado la forma prejuiciosa y discriminatoria con la que hablaban de los chicos africanos, el trato que tenían con ellos, la energía, el ambiente… Comentaban que había mucho control, que tal vez había hasta micrófonos en la sala para espiarnos (ya de broma).

 

Aquel día, no me lo podía creer... Demostraban más que nunca su ciudadanía crítica, su capacidad para ver donde muchas personas no vemos… Habían detectado relaciones de poder, las habían entendido, analizado… Habían incorporado la mirada del TO, y por ello querían actuar allí y por todos lados…

 

La crisis: peligro u oportunidad
El Teatro-Foro remueve. Habla de ellas y ellos. De sus familias. De sus parejas. De sus amistades. Toca su intimidad más profunda. Ellas y ellos cambian. La realidad no siempre. El Teatro-Foro remueve. Demuestra que el cambio es posible. Lo han entendido. Son jóvenes con ganas de vivir y quieren el cambio ya. Y el cambio no llega. Papa, máma, la profe, el educador, la educadora, el novio, no cambian. No pueden. No quieren. No saben… Y no cambian. Muchas veces había que estar al frente, con ellos y ellas, y evitar que se estrellasen. Y se han estrellado y aprendimos juntas a vivir el proceso: fugas, centros de menores, crisis familiares, violencia en la pareja, divorcios, complejos… Han sido muchos los momentos difíciles, las caídas, las crisis… Hubo peligro y salimos adelante, siempre. Donde había peligro, también había oportunidad, más o menos difícil de ver, pero siempre existía...

 

El taller de teatro muchas veces se convirtió en sesiones de terapia. Lxs jóvenes me enseñaron a seguir aprendiendo. Me recordaban constantemente que el ser humano es complejo y delicado, sensible. Me recordaban que el mundo es desigualitario y que nadie les escucha. Y hablan, ¡madre, si hablan! Y tienen cosas que decir. Tantas. Y sienten. Tal vez siete veces más que las personas adultas que olvidaron que algún día han sido adolescentes silenciados o silenciadas. 

 

Sentadxs en el barrio

En horario lectivo, pasé dos años con una clase muy complicada. No había forma de llegar. Todos chicos "bien socializados" en una masculinidad tradicional y bastante violenta. Pero tiernos por dentro y con posibilidad de rescate, ¡claro está!. No cabía duda.

 

Un viernes por la tarde, me crucé con ellos por el barrio. Me senté. Hablamos horas. Un diálogo que en clase era imposible de tener. Me contaron sus actos “delincuentes”, como decían, me compartieron su falta de fe y sus planes de futuro. Allí cabía la droga, los robos, la cárcel. Iban en serio. Y me lo creía. No cabía duda.

 

Sentadxs en un murillo de la placeta Roja, reflexionamos sobre el barrio, la cárcel, sobre quien vende droga, por qué y para qué… Gran momento de humanidad. Gran momento Freire (educación popular problematizante). Concluimos que teníamos que rodar un documental sobre ello. Sigue en proyecto… 

 

Nueva masculinidad

Rodando el último corto (Se Esfumó la Amistad), ha sido increíble ver como los jóvenes busccaban denunciar, a través de sus relatos, el modelo masculino dominante impuesto en el barrio. 

 


Querían hacer un corto para mostrar cómo acabaron sus amigos después de ponerse a fumar, a consumir maría, a entrar en pandillas, a pelear, a robar, a meterse en problemas con la ley y con asistentes sociales. Querían denunciar que, por culpa de todo eso, han perdido a amigos importantes para ellos. Por primera vez, habían entendido en carne y huesos, casi por sí solos, cómo el patriarcado afecta a los hombres.

 

¿Protección?

Mientras los enfoques de derechos y participación de la infancia y adolescencia están cada vez más "de moda", gran parte de las instituciones que intervienen directamente con estos colectivos y personas continúan sin prestar atención ni a su opinión, ni a sus vivencias. Las personas menores de 18 años sufren indubitablemente carencias importantes en el derecho a la escucha en muchos ámbitos de su vida cotidiana, como el escolar, el de la protección o el judicial, entre otros.

 

En lo que respecta a nuestra experiencia con centros de protección, se ha demostrado reiteradamente que, a pesar de que las normas reconozcan la obligación de escuchar las personas menores de 18 años en general, los servicios que les atienden no han interiorizado el cambio de paradigma que implica. Desde la toma de decisión de la retirada del niño o de la niña de su medio familiar, hasta la forma en la que se le comunica, pasando por el modo según el que se gestiona el periodo de protección así como la vuelta a la familia, la institución peca de adultismo, burocracia y falta de sensibilidad. Muchas veces se trabaja con las familias con muchos prejuicios (socioculturales, económicos, interculturales, religiosos, etc.), poca delicadeza, falta de recursos (humanos, metodológicos, económicos, etc.). No hay una escucha previa real, tampoco suele haberla durante la estancia en centros, ni después. Sin hablar de las pocas alternativas y de los pocos apoyos existentes para que lxs jóvenes, al salir de los centros, no se sienten tan desprotegidxs.   

 

Recuerdos de momentos de crecimiento y cambio, y otros de bronca. Con las instituciones. Con las estructuras globales. Con las barreras a los deseos y a la liberación.

 

Como adulta, niña, educadora y formadora, es mi responsabilidad recordar, recordarnos, recordarme, lo fundamental que es descentrarse, descentrarnos, descentrarme, salir de nuestra mirada adultista y de poder, para dialogar de tú a tú con lxs criaturas y jóvenes. Su participación y su liberación, como la nuestra, no puede existir fuera de este cambio de mirada, de este cambio de estructuras que determinan las relaciones. Si nosotrxs las creamos, también nosotrxs las podemos desarticular, juntxs. Dejemos de esperar que lxs más peques participen cómo, cuándo y dónde queremos nosotrxs, lxs adultxs, abriendo espacios en los que ellxs pueden definir cual es este espacio de participación que requieren o, simplemente, respetándoles el que ya nos piden, el que ya pedíamos nosotrxs de pequeñx.  

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¡Muy interesante!

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